Minería: Una nueva oportunidad para Catamarca

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Transcurrieron dos décadas en las cuales los catamarqueños se acostumbraron a identificar “el sueño del oro”, como dice la zamba del minero, con el único horizonte posible de la minería. No era para menos. En estos años la vedette del sector fue Bajo La Alumbrera, la mayor mina de oro y cobre a cielo abierto de Sudamérica y que hoy cuenta los días para cerrar la operación. Las posibilidades de explotar Agua Rica, el otro gran proyecto, son remotas. Pero, en una muestra más de que la riqueza natural de esta provincia tiene más reservas, resurge con fuerza el “oro blanco”: dos empresas anunciaron una inversión de 300 millones de dólares para la explotación del litio en Antofagasta de la Sierra. No son ni por cerca los mismos números de la otra minería, pero en definitiva mantienen viva la ilusión de que la actividad puede dar más.

El desafío es enorme por donde se lo mire. Desde el punto de vista económico, el litio representa un mineral estratégico para el mundo actual y el que viene. Se usa en baterías, medicamentos, vidrios, arcillas y aleaciones, y en poco tiempo más en automóviles eléctricos, lo que permite afirmar que la demanda está garantizada. Argentina forma parte, junto con Chile y Bolivia, del denominado “triángulo del litio”. Catamarca, con un desarrollo aún incipiente, aporta 22.500 toneladas anuales a las 40.000 que produce el país. En el plano internacional, los precios le sonríen al litio: en solo dos años, la tonelada pasó de 3.400 a 6.800 dólares.

Además del Salar del Hombre Muerto, la Provincia cuenta con 11 proyectos en etapa de prefactibilidad. Pero en los últimos meses, el Juzgado de Minas se abarrotó de pedimentos de minas, nuevas y vacantes, hay empresas interesadas de China y Canadá y Rentas está recaudando como hace tiempo no lo hacía en materia de tasas de minería (cada cateo cuesta $32.000), sellados y cánones. Hay, si se quiere, un nuevo “boom” minero.

En cuanto al empleo, es claro que se abren nuevas perspectivas de ocupación de mano de obra especialmente en la Puna catamarqueña, pero también oportunidades para el desarrollo del sector de proveedores.

La década perdida

Los mejores años de la minería, no obstante, fueron hasta aquí los que pasaron.

En 1997, comenzó a operar Bajo La Alumbrera, una unión transitoria de empresas integrada por Minera Alumbrera e YMAD, que a su vez conforman la Provincia, la Universidad Nacional de Tucumán y el Estado nacional. Por el acuerdo con la minera, el 20% de las utilidades del proyecto son de YMAD, y a Catamarca le corresponde el 60% de esa porción.

Hasta 2015, el período de mayor producción, YMAD recibió utilidades de Bajo La Alumbrera por casi $5.200 millones. Y Catamarca, por su participación en YMAD, embolsó hasta allí unos $3.120 millones. Las utilidades, a diferencia de las regalías mineras, son recursos de libre disponibilidad. Es decir, ingresan al Tesoro provincial, los gobernantes deciden cómo gastarlos y no están obligados a rendir cuenta de su destino.

Pero no fueron, por cierto, los únicos recursos económicos. Además de los ingresos tributarios, el Tesoro provincial y los departamentos del interior acumularon entre 2004 y 2015 regalías mineras por $1.389 millones. Andalgalá y Belén, los departamentos que se llevan la mejor tajada, recibieron en el mismo período 232 millones de pesos cada uno.

Los años más jugosos de la minería coincidieron con la década de gobierno del Frente Cívico y Social, ya que a partir de 2013 empezó la parábola descendente de la producción de Alumbrera. ¿Qué destino tuvieron esos miles de millones estos años? Un estadio de fútbol sin uso y con gruesas fallas estructurales, un predio ferial que se utiliza a lo sumo dos veces por año, una hostería en la cordillera y de allí pocas, muy pocas, obras de infraestructura en el interior.

Andalgalá y Belén fueron los ejemplos más claros del dispendio minero. El primero gastó fortunas en exhibiciones obscenas de un intendente que se creía eterno, con contrataciones de hoteles caros, eventos con un Nobel de Economía que le vendió elogios y merchandising inútil. El segundo armó su propio plan de becas para desocupados. Ninguno de esos gastos resistía una modesta auditoría contable.

La ley establece taxativamente que las regalías deben ser destinadas a obras de infraestructura para el desarrollo productivo, es decir, obras necesarias para cuando la minería sea historia y los pueblos del interior deban vivir de otras actividades. Pero es pura letra muerta y los protagonistas del despilfarro siguen por allí, uno de ellos incluso con mayores pretensiones políticas.

Alumbrera se terminará definitivamente a mediados de 2018. Agua Rica, el otro proyecto que promete grandes beneficios económicos, tiene un impedimento legal de fondo: la Justicia lo suspendió porque no logró garantizar puntos claves de impacto ambiental. Es decir, hasta allí llegó la gran minería.

Por cuerda aparte hay que sumar los desaguisados de Minas Capillitas y su corazón, la Rosa del Inca. Primero con SOMICA y luego con CAMYEN, la ruta de la rodocrosita nunca fue clara. Abundaron estos años las denuncias sobre el comercio ilegal, robo y malversación de fondos. Una historia en la que solo se favorecieron los privados y sus cómplices, porque para la Provincia se trata de un apéndice estatal deficitario y lleno de oscuridades.

El desafío

El miércoles último, la gobernadora Lucía Corpacci vivió un día que soñaba hace tiempo: anunció la firma de un acta con FMC Corporation y Minera del Altiplano, operadora del proyecto Fénix del Salar del Hombre Muerto, para ampliar la producción de carbonato de litio en Antofagasta. El compromiso se traduce en inversiones progresivas que llegarían a los U$S 300 millones en los próximos 20 años. Y en términos de empleo, 200 puestos laborales de tiempo completo y otros 100 a través de contratistas privados.

“Es un día muy importante para los catamarqueños y así lo debemos vivir”. “Esta ampliación significa la mayor inversión en minería de los últimos 10 años en nuestro país y eso nos tiene que hacer sentir orgullo”, dijo Corpacci, visiblemente emocionada.

Pero lo más importante es la nueva chance que tiene la Provincia de afinar la puntería en la minería como política de Estado, que no es solo proclamarla en leyes y discursos, sino actuar con responsabilidad y transparencia frente a los inversores y ante una ciudadanía que tiene fresco el recuerdo del despilfarro de los fondos y las corruptelas de los políticos. Esto es, del fracaso de una ocasión inmejorable para el desarrollo.

El “oro blanco” se presenta entonces como la nueva oportunidad para Catamarca de hacer de la minería un motor de desarrollo.

Fuente: El Ancasti

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